Síndrome de abismo


Por José Julián

Al dramatizado realizado por Juan Pin Vilar se le ha detectado síndrome de abismo. Es aquella enfermedad que sufren los productos comunicativos realizados para la televisión cubana y que son engavetados y pospuesta su exhibición, porque resultan incómodas las temáticas que abordan.

La enfermedad la padece en estos momentos El Puente Rojo, teleplay de Pin Vilar, que basado en el cuento de Yoss “Yako en el puente rojo” recrea un mundo que se esconde públicamente en los barrios marginales de Cuba. Una vez más fue un barrio de La Habana (Luyanó) el escenario escogido para recrearlo.

El arribismo, las falsas amistades, la mujer como causa de conflicto entre hombres, el  juego de dominó a pleno día de quienes sabemos resuelven sus vidas desde allí, la droga y la recurrente emigración de los jóvenes de su país son algunas de las problemáticas que nos muestra El Puente Rojo.

Pin no ha sido condescendiente, ni triunfalista, ni ha querido para su corto un final feliz. Simplemente ha mostrado esa parte de la realidad donde los que sobreviven no son los más valientes sino los que se mantienen en las alcantarillas, en la mugre, que se disfrazan con  cualquier color para subsistir. No se ha quedado con la frase bonita al final de cada secuencia, más bien lo que ha hecho es ridiculizarla con las mismas palabras y manera de pensar de muchos que hoy viven en barrios como Luyanó. Es lo que sucede cuando Petra dice que “Solo los imbéciles pelean sin miedo. Los inteligentes no. Los inteligentes saben lo que se pierden con la muerte y les duele el dolor. Les importa y se cuidan” a lo cual Yako responde sin quitarle la razón, pero dejándole claro que él no piensa así.

El Puente Rojo no muestra un mundo irreal, más bien retrata una Cuba que nos invita a reflexionar sobre temáticas que a veces solo nuestro cine tiene el privilegio de abordar. ¿Por qué no se ha exhibido  El Puente… en la programación de la televisión cubana? Tendrá que correr la suerte del Caso Abismo que después de que toda la isla se lo pasó de memoria en memoria entonces decidieron desengavetarlo. Seguirá nuestra televisión inculcándonos el sutil sueño americano y la vida italiana en el gran Brasil, o decidirá de una vez y por todas mostrarnos la realidad cubana que sus realizadores captan con el lente, no para destruirla, más bien para deconstruirla y construirla mucho mejor.

Por ahora,  solo podemos ver El Puente Rojo en la salita del Pabellón Cuba (todos los sábados de agosto, pasadas las 2 pm), o esperar a que caiga en las manos cuando empiece el tráfico de memoria en memoria. Y agradecer a Juan Pin Vilar, hombre inteligente que se cuida de la muerte.

El Puente Rojo de Juan Pin Vilar 

 

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