Una tonada de Pedro por Carmen


Pedro Pablo Rodríguez

Pedro Pablo Rodríguez

Por José Julián
Acabo de leer el poema Carmen. El culpable, el provocador fue Pedro Pablo Rodríguez quien es todo un orador y cuando hace de su tema de conversación a Martí es para quedarse todo el día escuchándolo, que bien pudiera estar toda una semana hablando. Pero en esta ocasión pude escucharlo apenas dos horas en el Salón de Mayo del Pabellón Cuba. Allí estuvo el hombre, dialogando una vez más con Magda Resik, pero deleitando, siempre deleitando.
Contó Pedro Pablo que sus amigos le han cuestionado por qué teniendo tanto talento dedicarse a la edición crítica de Martí. Él responde que es un trabajo apasionante al cual se ha entregado en cuerpo y alma. Y puntualiza: “Mi gran obra es la Edición Crítica de Martí”. Trabajo que no recoge los frutos de un día para otro, sino que demora en cosechar diez o más años. Y es eso lo primero que le dice a los jóvenes que se van a dedicar a estudiar a Martí.
Pedro Pablo habla con Martí cada vez que lee sus documentos originales. Que quienes se dedican a estudiar la psicología de las personas por su caligrafía no se equivocan y entonces él ya conoce en qué momento Martí estaba bravo, apasionado, apurado. Tal parece que está en un diálogo.
Todo lo que yo les pueda escribir aquí no es más que sobras de lo que él dijo y cómo lo dijo. Si llegaron al final de este post no pierdan la oportunidad de ir a buscarlo ahora que la Feria Internacional del Libro está dedicada a él. Una advertencia: pueden ser atrapados por la pasión hacia Martí.
Y si les comencé hablando del poema que Martí le dedicara a su siempre bella Carmen, que descubrí gracias al profesor, sería muy injusto no compartir este poema con ustedes a tan solo un día de San Valentín.

Carmen
El infeliz que la manera ignore
De alzarse bien y caminar con brío
De una virgen celeste se enamore
Y arda en su pecho el esplendor del mío.

Beso, trabajo, entre sus brazos sueño
Su hogar alzado por mi mano; envidio
Su fuerza a Dios, y, vivo en él. Desdeño
El torpe amor de Tíbulo y de Ovidio.

Es tan bella mi Carmen, es tan bella,
Que si el cielo la atmósfera vacía
Dejase de su luz, dice una estrella
Que en el alma de Carmen la hallaría.

Y se acerca lo humano a lo divino
Con semejanza tal cuando me besa
Que en brazos de un espacio me reclino
Que en los confines de otro mundo cesa.

Tiene este amor las lánguidas blancuras
De un lirio de San Juan, y una insensata
Potencia de creación, que en las alturas
Mi fuerza mide y mi poder dilata.

Robusto amor, en sus entrañas lleva
El germen de la fuerza y el del fuego,
Y griego en la beldad, odia y reprueba
La veste indigna del amor del griego.

Señora el alma de la ley eterna,
Despierta, rima en noche solitaria
Estos versos de amor; versos de pena
Rimó otra vez, se irguió la pasionaria.

De amor al fin: aunque la noche llegue
A cerrar en sus pétalos la vida,
No hay miedo ya de que en la sombra plegue
Su tallo audaz la pasionaria erguida!

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