El Moralista


La Habana

La Habana

Por Anatabex Abreu Benitez

Comparto este cuento que encontré en mi biblioteca digital escrito por Anatabex Abreu Benitez.

¿En Cuba?, ¡en la calle Vía Blanca!, que sucediera eso!?, na´.

¿Una exhibicionista?, ¡una loca! Una prostituta, era lo que era, chico, una descará, una chiquita que no tiene nada en la cabeza, una descerebrá. Se levantó la blusa y enseñó las tetas, en una avenida de cuatro sendas, un semáforo y cuatro esquinas, te puedes imaginar?. El chofer que me llevaba quedó pasmado, boquiabierto, en “choc”, compadre, en “choc”; estoy seguro de que tuvo una parálisis cerebral por la manera que detuvo el carro para que yo me bajara. No tenía más de 17 años, iba con una amiguita, se reían, ¿sería una apuesta de esas que hacen los adolescentes a que tú no haces tal cosa? ¿Y si le hubieran dicho: tírate del puente?, ¡ah!, seguro que no se tira, la locura no le da para tanto. ¿Y si hubiera habido un policía?, la hubieran detenido, montada en una patrulla, acusada de exhibicionismo, escándalo público y hasta presa. Se subió la blusa, se empinó formando un arco, sí, sí, hacia delante, redondas y bien formadas, medianas pero suficientes, con los pezones oscuros y rizados, y bajó la blusa, rápida y bruscamente. Sube y baja el telón, y un corte circuito ocurre en la mente de los automovilistas. Una locura temporal, una irrealidad, una alucinación, como si ahora mismo usted viera un elefante volando. Un segundo más y, no tengo la menor duda,  que ocurre una catástrofe, un choque devastador, un sonar de claxon sin interrupción, muertos y heridos, pero menos mal, ella lo hizo rápido, y salió caminando. Cruzaron  la avenida. Llevaban un pantalón de esos bajiticos, chirriquiticos con las nalgas encuerusas, saliéndoseles, y media raja fuera. Las vi, que casi huían. Ella, atravesaba la avenida, riendo, la cabeza, entre los pelos, oscuros, largos, no la podía tener en alto. ¿Tendría un poco de pena?, quizá, me pareció. ¿Y si algún vecino la hubiese visto?, ¿y si se lo contaran a su mamá, a su familia? Nunca podría olvidarse aquello. Ella tendría una historia imborrable, marcada para toda su vida  con una acción fea, insensata. Sería una vieja y la gente no la vería, solo podría imaginarla  enseñando un par de tetas que pa´ qué, en medio de Vía Blanca. Y sus hijos y sus nietos, los pobres, vivirían con un murmullo tras sus orejas – oye, tú sabes, su madre es una puta, enseñó las tetas en la Vía Blanca- sólo en la tercera generación de su descendencia, si le saliera un biznieto escritor y la quisiera redimir, podría librarse. Eso sí, tiene que ser uno bueno, un García Márquez, imagínate, ella en una novela macondiana, sólo uno como él pudiera revertirlo todo y convencer a la gente, al mundo y a mí mismo de que no, que ella era una buena mujer, que no se subió la blusa y enseñó las tetas, sino que se convirtió en ángel y cruzó volando la Vía Blanca.

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