La peligrosa persistencia de las ideas


Jamila Medina

Jamila Medina

Por: Ahmel Echevarría

“El perro tiene cuatro patas, pero coge por un solo camino”, así le dije a Jamila Medina una tarde en el extrarradio de la ciudad. Ella me hablaba de narrativa y yo la pensaba horadando el papel (y su cabeza), con la punta afilada o roma de un atado de versos. Me fustigó con sus ojos/canicas grises. Persistí en mi idea del perro, las patas, el camino, y los versos como tercos gusanos horadando la blanca piel de un conejo. Y sus ojos ahora de añil eran igual de agudos, pero en una tesitura más cordial. Debo consignar que ambos permanecíamos, inmutables, entre la terquedad y la sonrisa. Y esa fue la suerte: la persistencia de las ideas. Porque de los dos, ninguno estaba equivocado. A estas alturas, leyendo y conectando los libros que hasta el momento ha publicado Jamila Medina/Jamila M. Ríos/J. Medina Ríos* (según el género en que se adentre elige entonces un nombre/máscara, y esto es, en Jamila, el ensayo, la poesía y la narrativa), el manantial/torrente de palabras, el rumor/graznido/canto, el cardenal o la furnia como sorpresa al desandar la superficie de sus textos son, digamos, las trazas de su escritura. El lenguaje y la lengua como deleite y delito, paladear y patalear, contaminar, contaminarse.

En el cuaderno de cuentos Ratas en la alta noche (Malpaís Ediciones, 2011), el lector encontrará diseminaciones, agujeros de araña, despeñaderos… Supongo que debo alcanzar cierta legibilidad en esta sucesión de impresiones tras la lectura del libro (su primer libro escrito, pero el cuarto en salir publicado), para ello tendría que comenzar con una alerta: hay en las páginas una sucesión de textos de placer y textos de goce (el placer que puede ser enunciado, dicho, incluso como postura desde la cual se ejerce una política o ejercicio del criterio no sin cierta dosis de tiranía; y el goce o trabajo de zapa, ignición, corrimiento de los límites de todo lo permisible, o habitar con desparpajo la piel de otro personaje/marioneta/homúnculo). Dicho esto, cabe entonces pasar a un plano otro, que no segundo o secundario: el de la historia o las historias; en Ratas en la alta noche lo que se cuenta no es el ovillo que al correr se deshace en una línea a seguir, es el texto de Jamila Medina ovillo que cae y a la vez furnia, peso y vacío, mantenerse en la inercia incluso luego de pegar contra el suelo. Jamila Medina, al solazarse entre flujo de ideas y palabras, va fundando y fundiendo una escritura, un modo de decir, hacer, su revolución personal, su disidencia, su propia jerga. En las historias compiladas en Ratas… van de la mano la soledad, la incesante búsqueda de la belleza, el dolor que inocula en la mente y el cuerpo la belleza, la entrega a pesar de la alta resistencia de quien es objeto de deseo, de búsqueda. La carne es penetrada con voracidad, otra y una vez, por la propia carne (labios/penecillos/lengua), el dolor, la ira. Los personajes/marionetas/homúnculos parecen tener vida propia, parecen tener sexo, incluso parecen erotizarse, vivir, disfrutar, pero cierta fatalidad tan real como el cáncer los cercena. “Una mascarada del destino”, nos parece decir Jamila Medina, o: “No cruces los dedos, belleza, por más que nades terminarás en la orilla”.

Estos cuentos, en su devenir, se aceleran como puntas de flechas envenenadas, o se vuelven remolones cuando el flujo del discurso desplaza casi por completo la historia narrada (no debo pasar por alto las delirantes notas al pie, los cuadros de textos que aparecen en medio de una sucesión de imágenes o parlamentos tal como fuegos fatuos). Algunas piezas narrativas de Ratas en la alta noche tienen la impronta del texto que busca la ilusión de realidad, en ellos los personajes se encadenan a una sucesión de eventos, otras simplemente giran y estallan alrededor de uno o varios estados de ánimo. Juego de espejos, performance, teatro del absurdo, burbuja de gas, cuentos o piezas narrativas como abortadas novelitas gaseiformes, galería de ratas, exposición, confesiones, tartamudeo, jerga.

Ha pasado el tiempo, Jamila no estaba equivocada, tampoco yo. El perro tiene cuatro patas, pero coge por un solo camino. Un camino que es uno y varios al mismo tiempo. Hacer una parada y orinar, marcar el territorio. Se trata de persistir en las ideas, armonizarlas con el exterior, de utilizar, como en el aikido, la fuerza y la resistencia del contrario.

* Jamila Medina/Jamila M. Ríos/J. Medina Ríos (Holguín, 1981). Filóloga, editora, narradora, poeta y ensayista. Codirigió la Revista Estudiantil Upsalón de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana. Ha publicado los poemarios Huecos de araña (Premio David 2008, Ediciones UNION, 2009) y Primaveras cortadas (Proyecto Literal, México D.F., 2012) y Diseminaciones de Calvert Casey (Premio Alejo Carpentier de Ensayo 2012, Letras Cubanas, 2012). Con “País de la siguaraya” obtuvo la Beca de Creación Prometeo 2012 que otorga la revista La Gaceta de Cuba.

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